BE YOUR OWN DATE
14 febrero, 2018 Indie
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Por Lifestyle, Relatos

Cuenta la leyenda de la historia lineal occidental que en las inmediaciones del Año Tercero, en Roma, vivió San Valentín. Primero fue médico y luego sacerdote. Realizó casamientos a soldados cuando estaba prohibido y por eso se lo castigó con la muerte. Un siglo después de la decapitación fue canonizado y se convirtió en uno de los santos más top del Catolicismo. Un santo mártir que con su historia nos da la posibilidad de ahogarnos tranquilos en la mar del simbolismo irónico. Porque la celebración de ese día -desde el punto de vista religioso (pero también sistémico y social) es la unión del matrimonio y la guerra.
O será una exageración?
La fórmula del éxito capitalista.
El binomio hetero normativo.
Blanco, machista, prolijo, vertical.

Qué *** es el amor? Es el amor! Amor profundo. La palabra “amor” viene del latín amor. Punto pero no. Existe una controversia respecto a las raíces compositivas de la palabra. El prefijo “a” en su función negadora, seguida de “mor” (MUERTE) connotaría una suerte de eternidad. Aunque también se evidencia lo contrario en la lectura (desmentida pero viva) del prefijo “a” como “de o desde”, lo que podría dejar caer sobre nuestros corazones rotos la esperanzadora conclusión de que el amor es eso que pasa después de haberle suspirado cerca a la muerte. Está bien, la etimología no nos da respuestas claras y dentro del Mundo de los Diccionarios es sabido que partir las palabras y analizarlas quebradas es un error imperdonable (?) Pero el amor como un estado alcanzable After Dark es interesante…

A propósito, After Dark es un libro de Murakamidel que encontré esta frase (forzando sólo un poco el azar): “En este mundo hay cosas que sólo puedes hacer sola y cosas que sólo puedes hacer con otra persona. Es importante ir combinando las unas con las otras.” No quiero entrar en el rollo de que somos mamíferos y que por eso nos necesitamos, pero quién se atreve a negar que amar un otro a rienda suelta te agiganta? “Porque somos mucho más que dos” en el “Te quiero” de Benedetti quizás implique un mucho individual: sos vos mismo aunque más grande, no más hinchado sino más bien total. Que tu alma contenga el mundo y no viceversa. Aunque “El amor es el 3” me dijo una maestra una vez, cuando yo todavía sólo sabía ahogarme en nombre del amor. Sí, el amor es una entidad tercera que surge en la unión de dos fuerzas. No sos vos y tampoco soy yo. Es eso otro que parimos sin dolor y sin anestesia.

Porque EL AMOR NO DUELE. Insisto SI ES AMOR NO DUELE. Es una fortuna que estas dos últimas afirmaciones ya sean títulos de libros y más aún que sean best selleres. Pero los nacidos antes del 90 no tuvimos la chance de contar con esas lecturas y presenciamos el saludable quiebre paradigmático metidos hasta las tetas en el pantanoso mercado del amor. Le Marché Romantique. Lleno de flores venenosas, peluchitos tóxicos y misivas que sólo un niño abandonado podría pronunciar. “Sin ti no soy nada” Abierto 24/7. Para damas y caballeros de besos con herida abierta. Venga a decorar la proyección de su carencia! El amor romántico es una construcción violenta. Pero la poesía no, “la poesía es la única verdad”. Ese “rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio” del que hablaba Cortazar es la certeza que legitima el misterio del amor, que va de lo glorioso a lo trágico.

“No nos une el amor, sino el espanto. Será por eso que la quiero tanto” sentenció la pluma de J. L. Borges en su poema Buenos Aires aludiendo lógicamente a la ciudad, pero bien podría referirse a cierta manera pecaminosa de vincularse. No es que el miedo sea un nuevo pecado capital, no se vaya a pensar… El miedo es lo más grande que hay. Advertencia. Peligro. Supervivencia. Es la expresión emotiva que encuentra la vida para recordarte que estás acá. Un proceso global que te necesita consciente, pero paradójicamente concientizar el miedo es un trabajo con sabor a muerte. Porque se revelan las grietas causadas por una ósmosis seca. El miedo original y la metástasis satelital, variable, circunstancial. Quién se atreve a ser el jardinero de los baldíos del corazón? Quién apuesta a las flores entre tanta bestia microscópica imposible de fumigar? El riesgo es inmenso, pero lo realmente jodido es no ver con ojos limpios los pozos del terreno. No, lo realmente jodido es seguir con esta metáfora de las personas como pedazos de tierra.

Escribo sobre el suicidio de la negación (aunque el psicoanálisis prefiera llamarlo “mecanismo de defensa”). Y aunque en esta oportunidad mis letras son guiadas por el amor, creo que es necesario darle caracteres a la destrucción. Porque podemos arruinarlo todo en nombre del amor. Ojalá el sistema educativo nos ayudara a no convertirnos en espejos ciegos que se lastiman. Que en tercer año nos reciba una esquela que diga “Queridos alumnos: pueden ser iluminados, pero hay que estar reparado para dejarse atravesar por el rayo”. Estoy suponiendo una rotura extensible a todo ser humano, sí. Le tengo fe a esta generalización. Somos dramáticamente expulsados del vientre materno y nos pasamos la vida entera intentando regenerar esa tibieza. Nacemos con una capacidad insaciable de recibir amor. No hay madre, no hay padre, que esté a la altura de esta exigencia. La burbuja comienza a romperse inevitablemente antes de que sepas atarte con fuerza los cordones. Empezás a tomar café con leche y el mundo se filtra irresistible a través de las pantallas de colores brillantes. El exceso de azúcar consumido en los primeros años de vida ha sido un remedio tóxico para el dolor. Entonces llegás a la sala de espera del dentista, y mientras hojeás una revista aparece el modelo de belleza capitalista. Te abre suavemente la mandíbula: te conquista. Comenzás a olvidarte de lo esencial: tus caries. Seguís los pasos de la publicidad y sos arrastrado al tentador mundo de la otredad. Ser visto para ser devorado y devorar.

Las promesas del amor romántico se cuelan a través de las cortinas del aula liceal. Un buen día arremete el famoso rayo en tus tripas y se presenta la oportunidad de ponerle cuerpo al mundo ideal. Arrastrada por la velocidad de tus cosquillas te entregás. Un libro de tapa rosada te asegura que ser amada es lo más valioso que te puede pasar, algo que jamás podría ocurrir si no te depilás, si no entrenás, si no competís con las demás. Hasta ahora no escuchaste nunca la palabra “patriarcal”, pero sí, muchas: “infidelidad”. Avanzando en la carrera de la perfección: te quebrás. Te cagan. Vos la cagás. Da igual. Sale todo mal. Pasan los años y se suceden los rayos. Te eclipsás.

“A todos los amé mal” concluís y con mucha garra te perdonás. Empezás a investigar los terribles desvíos de esta buena causa. De pronto todo tiene que ver con todo. De Walt Disney al acoso laboral, pasando por lo que las mujeres vivimos en la calle como la propia inseguridad. Chicas free toda la noche. Una vida sale de tu vientre. Se revela el amor más grande y también la angustia de sentir con el cuerpo que el sistema médico se opone radicalmente al amor. Y entre tanta desilusión te vas dando cuenta de que es muy bueno saber lo que NO.

Pero un día el rayo vuelve a impactar. Y esta vez es diferente. Sucede que en el territorio del otro, como en el tuyo, recientemente salió el sol. Entonces dedican palabras a las tormentas pasadas. Al encastre de cuerpos le sigue un pacto de respeto donde no hay chance alguna de vivir este amor en términos de propiedad. Estrenás la paz incomparable de saber que el otro te quiere bien, creciendo, cambiante. Y vos también. En esa retroalimentación positiva emerge el 3 que tanto intuiste. Claro que somos mucho más que dos. El amor es una actitud poética y política. De pronto una noche entre las sabanas él te dice “te amo porque vos sos yo”. Te impacta la verdad de la simpleza. Tantos años para entenderla.

No se tratará de amarte a vos? Colgás caireles en la ventana. Aprendés a escuchar. El día se revela como una oportunidad. Atendés las formas de las nubes. Te enamorás de la hora mágica. Alguien te dice que “la infancia es la única patria” y recuperas un poco del brillo de ojos con el que mirabas el mundo en la infancia. Te sacás a pasear. Sos tu propia cita. Reconquistás tu soledad.

#sétupropiacita

Mariana Olivera.

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